Contraste entre un hombre agobiado frente a su escritorio de noche y el mismo hombre escribiendo al aire libre frente a un amanecer
Reinvención profesional

Sé lo que tengo que hacer, pero no lo hago

Desde el 2013 sabía exactamente qué tenía que hacer. Y aun así, tardé siete años en hacerlo.

Tres abandonos y una advertencia

Estaba en una carrera universitaria de sistemas —corta, la más corta que existía en mi universidad relacionada con IT, más corta que una ingeniería—. La había avanzado bastante. Y sabía que terminarla me iba a posicionar mejor en el mercado: en IT se espera que estés recibida, que tengas al menos un idioma más. En mi caso el inglés siempre lo cuidé. La universidad, no tanto.

La abandoné tres veces. La tercera era el máximo permitido antes de que te echen.

Las razones que me daba (y que eran ciertas)

Cada vez que la dejaba, me decía lo mismo: esta carrera no me sirve. No tiene sentido que siga. No voy a ser desarrolladora. Mi puesto de analista de sistemas no tenía nada que ver con lo que me hacían estudiar —cosas que sabía que jamás iba a aplicar—. ¿Cuál era el sentido de recibirme si ya tenía el empleo?

Todo eso era cierto. Y aun así, no era la razón real por la que no la terminaba.

mujer cansada sentada en su sillon

Lo que finalmente me hizo terminar

La decisión la tomé a mediados del 2018, cuando ya llevaba casi dos años con la carrera completamente abandonada. No fue porque encontrara más información, ni porque de golpe me empezara a gustar. Fue porque decidimos que íbamos a migrar, y supe que eso iba a ser lo más competitivo que iba a enfrentar en mi vida. Mi perfil tenía que ser fuerte. Y ahí, por primera vez, tuve una razón enorme para cerrar ese pendiente.

Retomé en el 2019 y me recibí en el 2020.

Nunca fue falta de información

Mirándolo en retrospectiva, entiendo qué me frenaba durante esos siete años: recibirme no era parte de mi sueño real. Mi sueño era tener un trabajo que me gustara en sistemas —y ya lo tenía, sin el título—. Terminar la carrera era, en el fondo, ego. Querer destacar un poco más. Tenía sentido en el papel. Pero genuinamente no me iba a cambiar la vida. Me daba casi lo mismo.

Ahí está la trampa. Podés saber perfectamente qué tenés que hacer, tener todos los datos a favor, y aun así no moverte —porque lo que falta no es información. Es una razón que te importe de verdad.

Cuando por fin apareció una (migrar, no una casilla más para tildar), siete años se resolvieron en meses.

Si hoy sabés qué hacer y aun así no lo hacés

Tal vez no necesites otro dato más, otro curso, otra lista de pasos. Tal vez lo que falta es encontrar la razón que sí te mueve —la tuya, no la que se supone que debería servirte.

En mi workbook Reconecta con tu Brújula Interna vas a encontrar respuestas para reconocer qué es lo que de verdad querés, y la tranquilidad de saber por dónde empezar a moverte.

Porque cuando la razón es tuya de verdad, lo que costaba años empieza a resolverse solo.

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