Contraste entre una mujer agotada en su escritorio y la misma mujer con los brazos abiertos frente a un amanecer en las montañas
Reinvención profesional

Me pesa la rutina (y no es por dormir poco)

Entre los 26 y los 29 años, viví un cansancio que no se iba ni con vacaciones.

Trabajaba en sistemas en Argentina, como analista. Y por fuera, todo estaba en orden: sueldo estable, un trabajo que me mantenía entretenida, un camino que “tenía sentido” seguir, pero por dentro, algo pesaba distinto.

Ganar más para vivir menos

Quería viajar más. Pero viajar más costaba dinero, y para ganar más dinero necesitaba ascender: más estudio, más responsabilidad, más horas atada a la oficina. Menos tiempo para disfrutar de lo que ese dinero, en teoría, iba a comprarme.

Me hacía la misma pregunta una y otra vez: ¿para qué quiero ganar más, si no voy a poder usarlo para descansar y vivir como quiero?

Buscaba la solución donde no estaba

Intenté resolverlo por el lado que conocía. Investigué por mi cuenta sobre finanzas, sobre negocios paralelos, sobre otras formas de generar ingresos. Nada de lo que probaba terminaba de funcionar.

Porque el problema nunca fue el dinero.

Mujer sentada en el sillón con un cuaderno en la falda, mirando por la ventana mientras piensa

El límite que yo misma había diseñado

Lo que realmente me angustiaba era hacia dónde iba mi vida. Si quería ascender, tenía que aspirar a roles de liderazgo o saltar de empresa en empresa buscando mejores ofertas — todo para algún día poder pagar una hipoteca, tener casa propia, viajar una vez al año. Nueve horas en la oficina más cuatro horas viajando entre ida y vuelta todos los días ya era mi límite de sacrificio diario, y ese camino solo pedía más.

Parecía la única manera, me gustara o no, porque yo misma lo había diseñado así durante años. Y resultó que no me gustaba tanto como creía.

Solo quería ganar más sin tener que sacrificar mi libertad en una medida aún mayor.

La mujer que me enseñó a soltar

Conocí a una mujer con un alma hermosa y herramientas que yo no conocía. Me enseñó a soltar lo que tanto quería controlar. Me enseñó que lo que yo quería era completamente posible, aunque todavía no supiera cómo.

Después de algunas sesiones con ella, sentí algo que el dinero nunca me había dado: paz. Y la confianza de que sí podía existir algo mejor para mí, y que no tenía por qué conformarme con menos.

A partir de ese cambio interno, todo empezó a tomar otro color. A mis 27 años, surgió de la nada la idea de irnos del país. No sabíamos dónde ni cómo —eso lo íbamos a resolver después—. Pero ya sabíamos que todo iba a cambiar como nunca antes.

Ese fue el primer quiebre. El segundo llegó con distintos autores.

Lo que cambió no fue mi sueldo

No fue hasta que empecé a leer varios libros —Piense y hágase rico y Los secretos de la mente millonaria, entre otros— que entendí algo que hasta ese momento no había considerado: no había una única forma de vivir. Existían infinitas maneras de armar un estilo de vida que sí estuviera alineado con lo que me hacía feliz. Y mi mente era la llave para prácticamente todo lo que quisiera crear.

Mujer con la mano en la frente frente a la notebook, rodeada de papeles y cuadernos en su escritorio

Si tu cansancio no se va con descanso

Si hoy sentís un cansancio que ni las vacaciones logran arreglar, quizás no sea de tu cuerpo. Quizás sea de sostener, año tras año, un diseño de vida que armaste con otra versión tuya —una que quería otras cosas, o que ni siquiera sabía que podía elegir distinto.

En mi workbook Reconecta con tu Brújula Interna vas a encontrar respuestas para empezar a cambiar la dirección de tu vida. El alivio de poner orden en todo eso que hoy da vueltas sin acomodarse, y la tranquilidad de saber cuál es tu siguiente paso, aunque todavía no tengas resuelto el resto del camino.

Porque lo que te cansa no siempre es el esfuerzo físico. A veces es sostener una vida que ya no es para vos.

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